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Desarrollemos la “ResponsHabilidad” frente a la vida

Si, habéis leído bien, he escrito “ResponsHabilidady no “Responsabilidad”, por mucho que el corrector de texto se empeñe en corregir la palabra he puesto deliberadamente una “H”.  Esta es probablemente una de las “distinciones” que más me gusta y que más trabajo también en los procesos de Coaching.

Suelo explicar la distinción como: RESPONS/HABILIDAD = HABILIDAD PARA ENCONTRAR RESPUESTAS

Hay muchas situaciones en la vida en las que utilizamos una parte ingente de tiempo en preguntarnos ¿por qué?:  ¿por qué tiene que estar pasando esto?, ¿por qué a mí?, ¿por qué no me di cuenta antes?, ¿por qué no se comporta de un modo diferente?, ¿por qué no me reconocen lo que hago?,….  o bien en las que construimos un montón de “quejas” alrededor de aquello que está sucediendo: “no es justo”, “como es posible que se esté comportando así” , “no debería ser de esta manera”, “yo no merezco esto”, “no es culpa mía”…

En la mayoría de los casos ni el preguntarnos “por qué” ni el “quejarnos” de la situación la cambia, sólo parece que nos da, sobretodo en el caso de la queja, el alivio momentáneo de una emoción, lo que en el argot del Coaching llamamos “ventilar”. Y no digo que eso esté bien o mal, pero lo cierto es que no suele cambiar nada de lo que pasa ni de lo que te pasa a ti con eso que pasa.  Esta frase, que nace de dos preguntas que solía hacer Virginia Satir en sus terapias (“¿Qué te pasa?” y “¿qué te pasa con lo que te pasa?”), creo que es de vital importancia, ya que frecuentemente lo que veo en los procesos de coaching (y que también podemos ver en la vida a nuestro alrededor o incluso si nos observamos a nosotros mismos), es que hay personas que frente a una determinada situación la viven de una forma en la que son capaces de encontrar posibilidades para avanzar, aceptar, o vivir lo que pasa, mientras que otras personas, en la misma situación, la viven de una forma que les paraliza o les imposibilita avanzar de modo satisfactorio, generándoles un malestar permanente que cuando se “solidifica” les lleva a asumir roles de “victima”, de “cinismo” o “resentimiento”, que difícilmente facilitan el cambio, y que además suelen generar sufrimiento.

 Pero, y si frente a esas situaciones en lugar de tantos porqués o de quedarnos ahí “aguantando” impasibles (o no tan impasibles) una situación que no es la que queremos nos preguntáramos a nosotros mismos: ¿qué habilidad tengo que desarrollar yo para dar respuesta a esta situación?. Cuando hablo de “habilidad” me refiero a ¿qué puedo hacer distinto en esta situación para conseguir un resultado distinto?, ¿que necesito aprender?, ¿qué necesito desaprender? ¿qué tengo que soltar/aceptar/ que me pesa  y no me está permitiendo avanzar y aprender de la situación?.  Aquí podemos encontrar todo tipo de habilidades: pueden ser habilidades de comunicación, de gestión de emociones, etc., etc.

Y es cierto, no siempre podemos cambiar lo que pasa, pero lo que si podemos es elegir lo que hacemos con lo que nos pasa. De esa “habilidad” para encontrar respuestas es de lo que os quería hablar hoy.

Generación de confianza

El otro día estuve realizando una sesión con un coachee y me comentó que en su trabajo existía un mal ambiente debido a que ya no confiaba en las personas que tenía a su cargo….por ello he pensado que sería un buen tema para compartir con vosotros en este artículo.

Todos intuimos que la confianza no se genera porque alguien te diga unas buenas palabras o te prometa algo, sino que depende de más cosas. Profundicemos un poco más: ¿Qué es la confianza?, ¿es un “hecho”?, ¿es un juicio que hacemos sobre algo o sobre alguien?. Y si, como parece, la confianza es un juicio ¿en qué lo basamos?.  Como sabéis los “juicios” no son verdaderos o falsos, sino que están fundados o infundados, y eso depende en gran medida de qué hechos podemos traer que fundamenten aquel juicio que tenemos sobre la confianza o la desconfianza hacia tal o cual persona. Y ¿cuáles son los pilares para que exista confianza?. Los vemos a continuación:

Un primer pilar es la “COMPETENCIA”. Si no hay competencia (conocimientos sobre un determinado tema, experiencia – ya sea técnica, gerencial, etc.- ) es muy difícil que alguien pueda confiar en ti para llevar a cabo un trabajo determinado. Aquí volvemos a lo que comenté en otro artículo sobre las competencias, es necesario no sólo “saber”, sino “saber hacer” y “querer hacer”. El compromiso es una de las bases fundamentales de la confianza.

El segundo pilar es la “TRANSPARENCIA O SINCERIDAD”. El que alguien te diga lo que piensa (sin caer en el “sincericidio”), el que no te vaya a ti y te diga una cosa y a otras personas les diga otra, el no ser la punta de lanza de la rumorólogia, el que sepa darte su opinión aunque no coincida con la tuya, el que te demuestre su disposición a comunicar las cosas cuando es conveniente…..todo esto son ejemplos de una persona “transparente”. Cuando la transparencia no se da la confianza se rompe o no se produce por mucha habilidad o conocimientos que tenga esa persona.

El tercer pilar es la “CONGRUENCIA”. Cuando una persona es capaz de hacer lo que dice que va a hacer, actúa en congruencia con lo que piensa y dice, y sostiene en el tiempo sus acciones entonces hablamos de que esa persona es creíble. Esta parte tiene mucho que ver con cumplir aquello a lo que nos comprometemos. Seguro que todos conocemos a personas que te dicen que “si” ante una determinada petición, ante un determinado plazo para realizar algo y luego siempre ocurre una u otra cosa que impide que hagan en el tiempo o forma aquello a lo que se comprometieron. Si esto se reproduce con frecuencia afecta de forma clara a la confianza que desarrollamos hacia esa persona.

El cuarto pilar es el “INTERÉS SINCERO POR EL OTRO”. Es decir, como ser humano, no sólo como “hacedor” de una u otra tarea. Si intuimos que alguien no tiene un interés genuino por nosotros y por nuestro desarrollo es muy difícil que confiemos plenamente en él. Hemos de demostrar con hechos que estamos interesados en el bienestar y el desarrollo de las personas que caminan a nuestro lado.

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Karma Yoga: la acción consciente y diestra, por Ramiro Calle

Nadie puede dejar de hacer. La vida es movimiento y, por tanto, acción. Incluso el detenerse y no hacer, es una forma de hacer. Nuestras funciones vitales constantemente están haciendo su trabajo. Todos estamos abocados a la acción. Aún la meditación es hacer para dejar de hacer y desconectar. Un eremita tambien tiene que limpiar su celda, buscar su alimento, relacionarse con otro eremita. La acción, por tanto, es inevitable. Pero la acción no tiene que ser necesariamente agitación, ni sacarnos de nuestro centro, ni estar tintada por el egocentrismo, ni desviarnos de nuestro trabajo de autodesarrollo.

El karma-yoga es el yoga de la acción consciente, más desinteresada y menos egocéntrica. Este yoga es una verdadera joya en cuanto a sus enseñanzas prácticas y, sobre todo, para las personas que nos desenvolvemos en sociedad, en ámbitos familiares, afectivos, sociales y profesionales.

El karma-yoga es el yoga de la acción más:

– Consciente.

– Lúcida.

– Diestra.

– Altruista.

Los principios o requisitos básicos de esta modalidad de yoga son:

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Competencias y Coaching

Como comentábamos en otro articulo de este blog, a diferencia del enfoque de la personalidad basado en “rasgos”, el enfoque de “competencias” se basa en los comportamientos observables que se requieren bajo condiciones concretas, y en el ámbito de actividad que corresponda (ya sea en el puesto de trabajo, con la familia, las relaciones personales, etc..). Señalábamos que la evaluación de las competencias habitualmente se ha utilizado en ambientes laborales, pero que realmente es trasladable a otros entornos, ya que en cualquier ámbito de la vida se requieren ciertas competencias para poder accionar con cierta efectividad.

Por ejemplo, en el caso de un coaching ejecutivo, las empresas suelen disponer de programas de formación en habilidades directivas y liderazgo, de forma que esta es, en principio, la forma de aprender las habilidades necesarias en ese entorno. Además, las mismas empresas suelen utilizar sistemas de evaluación del desempeño, que tienen en cuenta estas competencias.

Otro ejemplo…..en el ámbito de un coaching personal, cuando algunas relaciones personales nos importan o las damos valor, hay competencias relacionadas con la comunicación, la gestión de las emociones, la generación de confianza, etc. que son muy importantes para que esas relaciones vayan por buen camino. Se puede suponer que todas esas competencias se van aprendiendo a lo largo del proceso de socialización del individuo, pero esto no tiene porque ser así, ya que cada uno de nosotros lleva su particular mochila de aprendizajes y experiencias vitales que han determinado su forma más habitual de afrontamiento de las distintas situaciones. Y, en este caso, ¿quien enseña esas competencias? y ¿quién las valora?.

Cuando un coach comienza un proceso de coaching, es relevante evaluar los principales rasgos de personalidad que caracterizan al coachee, pero es mucho más importante evaluar si dispone de las competencias necesarias, ante situaciones concretas, para poder llevar a cabo las demandas que requiere el entorno donde se desenvuelve y que muchas veces han llevado a comenzar el proceso de coaching.

Al centrase en comportamientos observables el enfoque de competencias facilita una mayor objetividad que el enfoque de rasgos, siendo más fácil el comparar las competencias mostradas por el coachee con aquellas requeridas en cada entorno y situación.

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La Fundamentación de los Juicios

En otros artículos de este blog se ha tratado del poder que tienen las creencias en el comportamiento humano y su importancia para los procesos de coaching.

Las personas estamos constantemente emitiendo juicios y lo hacemos sobre prácticamente todo lo que observamos. Los juicios son procesos de pensamiento, son como veredictos que hacemos en un momento dado sobre las personas, las cosas, las situaciones, etc. Como tales, muchas veces terminan formando creencias, y estas a su vez pueden originar juicios. Además, se manifiestan en determinadas declaraciones e influyen en nuestro propio comportamiento o en el de los demás. Sin duda, producen un impacto no sólo sobre nosotros mismos y nuestra capacidad de acción, sino en aquello sobre lo que emitimos el juicio, ya sea en la persona que recibe el juicio, en la situación objeto de nuestros juicios, etc.

En el artículo “Las creencias, como impactan en tú vida”, publicado anteriormente en este blog, hablé de cómo las creencias “son las gafas a través de las cuales observamos el mundo que nos rodea o a nosotros mismos”, son la interpretación subjetiva que damos sobre las personas, las cosas o las situaciones. También comenté que cuando trabajamos en coaching es importante saber distinguir entre lo que son “hechos” y lo que son “creencias u opiniones”. También mencioné algunos sesgos cognitivos o errores del pensamiento, como son la sobregeneralización, la etiquetacion, la abstracción selectiva, etc. (os remito a este artículo para mayor información, sobre todo a la parte que hace referencia a los sesgos cognitivos, tal y como los formula Aaron Beck).

Los juicios pueden ser “válidos” o “inválidos”, dependiendo de la autoridad que tiene la persona que emite el juicio y el contexto donde se produzcan. Pero además los juicios pueden ser “fundados” o “infundados” dependiendo de que existan “hechos” suficientes que corroboren dichos juicios, y que no existan “hechos” en sentido contrario que los refuten.

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Personalidad y coaching

En este articulo voy a comentar cual es el valor que, desde mi punto de vista, aportan las teorías de la personalidad basadas en “rasgos” a los procesos de coaching.

Como veremos, los enfoques de “rasgos” nos pueden orientar sobre la posición relativa de un individuo con relación a su grupo normativo de referencia y sobre su forma de “encaje” inicial, a nivel general, con los requerimientos de una actividad o un grupo determinado (por ejemplo, un equipo), pero nos dice muy poco acerca de cómo se comporta un individuo y su desempeño ante situaciones concretas (por ejemplo, al realizar una determinada tarea).

 A diferencia del enfoque de la personalidad basado en “rasgos”, el enfoque de “competencias” se basa en los comportamientos observables que se requieren bajo condiciones concretas, y en el ámbito que corresponda (ya sea en el puesto de trabajo, con la familia, etc..). El enfoque de competencias habitualmente se ha utilizado en ambientes laborales, pero realmente es trasladable a otros entornos ya que en cualquier entorno se requieren ciertas competencias. Más adelante, en otro artículo de este blog, hablaré sobre el enfoque de competencias. 

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El “Feedback”

El “Feedback”: Lo que a mi me pasa con lo que “tú haces”, no con lo que “tú eres”

En los años que llevo haciendo sesiones de coaching y dando formación en habilidades de liderazgo en organizaciones cada vez que hablo del “feedback” en el entorno profesional casi todo el mundo dice que ya sabe lo que es y su enorme utilidad en el desarrollo de las personas. Sin embargo, en muchas ocasiones lo que he visto es que un “feedback” mal dado lejos de ayudar a la persona a desarrollar o mejorar diversos aspectos la bloquea o incluso genera enormes resistencias que se reflejan en lo que yo llamo “pelearse con el feedback” y a veces incluso con quién se lo da.

Nosotros, desde la disciplina del coaching, solemos decir que el feedback es un “regalo” porque nos permite ver el impacto que tiene lo que hacemos en otros y a partir de ahí decidir qué hacemos con ello, pero lo cierto es que muchas veces lo que he visto es que la gente lo vive como un “regalo envenenado”… A veces tiene que ver con nuestro enorme “ego” malentendido (otro día abordaré este tema que creo nos genera tantas y tantas tensiones y presiones) y otras, muchas, en cómo nos dan el feedback.

Me gustaría añadir que el feedback no es útil sólo en el entorno de las organizaciones sino incluso en algunas situaciones cotidianas de nuestro día a día. Quien no ha vivido alguna vez una situación que se repite regularmente en la que, por ejemplo, la forma de interpelarnos de un amigo  nos causa incomodidad y no se lo decimos para no dañar la relación lo cual acaba por dañar más la relación porque nuestro amigo desconocedor del impacto que tiene en nosotros su manera de interpelarnos sigue haciéndolo y nosotros vamos acumulando un enojo que poco a poco acaba convirtiéndose en una bomba que estalla a veces ante el estímulo más nimio. Y mi pregunta es: ¿si no sabe el impacto que tiene en nosotros lo que está haciendo cómo va siquiera a plantearse corregirlo?.  El tema es claro, ¿cómo se lo decimos minimizando el riesgo de que se sienta “atacado” o “herido pero haciéndole ver lo que nos pasa a nosotros con lo que él está haciendo”?

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La autorealización y los estados cumbre

La autorealización es actualmente un tema muy manido en el mundo del coaching, pero es algo tan viejo que ha sido objeto de estudio en muchas tradiciones filosóficas y espirituales de oriente y occidente. La autorealización puede entenderse desde distintos planos, unos más psicológicos y otros más trascendentes, unos más mundanos o cotidianos y otros más espirituales. En psicología, mayoritariamente, y en el propio coaching, la autorealización es enfocada desde el punto de vista del hombre en sociedad, desde el plano de la mente ordinaria, y esa autorealización se produce al alcanzar ciertas metas vitales específicas, ya sean personales o profesionales.

Hay muchos autores que han hablado de la autorealización o del desarrollo personal, desde la psicología o desde la espiritualidad, por lo que citar a todos ellos sería una labor imposible en el contexto de un articulo como este. Sólo por citar a algunos, desde la psicología (muchos de ellos dentro de la corriente humanista o de la psicología transpersonal), cabe señalar a Abraham Maslow, Carl Rogers, Charlotte Bühler, Rollo May, Erich Berne, C.C. Jung, Erich Fromm, Karen Horney, Kurt Goldestein, Alfred Adler, Gordon Allport, Stanislav Grof, Ken Wilber, Fritz Perls, Antonio Blay, y tantos otros…..

Con este articulo pretendo simplemente centrarme en algunas de estas aportaciones, comentar las características que definirían a una persona autorealizada y dar mi opinión sobre como el enfoque del coaching aborda actualmente estos aspectos y cómo el coaching de desarrollo personal abre una nueva vía en la manera de hacer coaching. No me detendré demasiado en los distintos enfoques de autorealización posibles pues, sin duda, unas personas se considerarán autorealizadas si consiguen ser felices a un nivel general, otras si consiguen ciertas metas concretas y otras sólo si van avanzando en un camino de desarrollo personal o espiritual.

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Las distinciones

Las distinciones son una herramienta de intervención muy potente en los procesos de coaching. Y es que el lenguaje es un parte intrínseca a nuestros procesos de pensamiento, que nos permite, entre otras cosas, nombrar y dar significado a las cosas, distinguiendo también entre aquello que nombramos. Por un lado, sólo podemos observar lo que somos capaces de distinguir como algo diferente y, por otro lado, cuando sabemos distinguir entre las cosas adquirimos un aprendizaje que nos permite mirar más allá, ampliar nuestra mirada y modificar nuestras acciones. Los coaches buscamos que la persona adquiera la habilidad de mirar las cosas de manera diferente, y encontrar nuevas opciones y soluciones a las diferentes situaciones, por ello es importante conocer las distinciones del lenguaje.

Hay muchas clases de distinciones, pero aquí solo veremos algunas de ellas y una breve explicación de las mismas. Para ello me basaré en los comentarios y aportaciones de varios autores: Rafael Echeverría, Humberto Maturana y otros.

 – “Hechos” vs. “Juicios”: los hechos son situaciones o comportamientos observables por cualquiera que se encuentre en esa situación, sin una “interpretación” o “valoración” de los mismos. Los juicios son percepciones o interpretaciones, cada uno puede tener las suyas.

 – “Compromiso” vs. “Obligación”( o “Tengo que” vs. “Quiero“): una cosa es hacer algo por obligación (y que aparece vinculado a frases como “tengo que”) y otra por compromiso (que está ligado a frases como “quiero hacer esto”)…..este último es voluntario, pues no puede existir un compromiso sin haberlo libremente elegido. Cuando nos comprometemos pasamos a la acción de manera directa, puesto que nuestra voluntad esta ya puesta en ello. El compromiso no es algo inflexible”, pues puedes declinarlo, renegociarlo o aplazarlo.

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Las creencias, como impactan en tu vida

¿Os habéis preguntado alguna vez qué son las creencias y como influyen en nuestra vida?. Hoy mi artículo versará sobre ellas, tema central en la psicología y también en los procesos de coaching. Y es que las creencias pueden manifestarse de muchas maneras (pueden ser creencias sobre “mi”, creencias sobre los demás, creencias sobre el mundo, las cosas, etc.), y puede tratarse de creencias nucleares para la persona (cómo son los valores, el autoconcepto, etc.) o pueden ser menos nucleares. Las creencias son las gafas a través de las cuales observamos el mundo que nos rodea o a nosotros mismos.

Muchas de las causas de nuestros problemas o dificultades, de nuestra falta de bienestar, está en la forma en que pensamos, en la manera en que interpretamos el ambiente y las circunstancias, en las creencias que tenemos sobre nosotros mismos, sobre las otras personas y el mundo en general.

Las creencias están ligadas a la experiencia, muchas de ellas se empiezan a formar en la más temprana infancia, viéndose influidas por los acontecimientos y por las personas más significativas en nuestras vidas (padres, amigos, etc.) pero también por la cultura y sociedad en la que vivimos.

La formación de las creencias implica una selección y articulación inicial de la experiencia y los datos, una serie de inferencias, a los que se les da una determinada interpretación. Esta particular interpretación es lo que conforma nuestros juicios y las creencias que se tienen. Y las creencias determinan nuestras acciones.

Lo cierto es que realmente no sabemos cómo las cosas son, independientemente de quien las observa, sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos en un momento determinado.  No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos. Vivimos en mundos interpretativos.

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La Caja de Confort

La “caja de confort” es una terminología que usamos en coaching cuando hablamos de ese espacio que nos resulta familiar, conocido, en el que todos nos encontramos la mayor parte del tiempo. Ese espacio, donde ya sabemos lo que sabemos, lo que se nos da bien, y también sabemos lo que no sabemos, lo que no se nos da bien, y donde nos manejamos más o menos con ello. Es ante todo un entorno cómodo al que ya nos hemos acostumbrado y donde operamos gran parte del tiempo “en transparencia”, es decir con el “piloto automático”, puesto que ya nos resulta familiar, cotidiano y por tanto no nos requiere un esfuerzo de atención ni nos supone un desafío en sí mismo.

En mi opinión, estar en la “caja de confort” no es en sí mismo ni bueno ni malo, se trata sólo de si estás donde quieres estar y si eso te hace sentir bien. Y creo que esa es una pregunta que cada cierto tiempo es bueno que nos hagamos.

En el artículo anterior hablé de “Sueño o “Visión” y ese es claramente un ejemplo de esas situaciones en las que salimos de nuestra “caja de confort” porque algo “tira” de nosotros hacia un objetivo, un nuevo reto, un cambio y ese algo suele ser una emoción, la ilusión por lograr algo, por aprender algo, por hacer algo distinto en algún ámbito de nuestra vida, esa declaración que en un momento hacemos y nos hacemos a nosotros mismos y que empieza con un “yo quiero….”. Esto es lo que nos hace dar un paso fuera del entorno conocido para aventurarnos a aprender cosas nuevas, a intentar cosas nuevas, a soltar “viejas certezas” (en otra ocasión hablaremos de lo ilusorio de las “certezas”) y empezar a andar por un camino nuevo que muchas veces ni podemos observar en su totalidad desde el punto de partida. Yo misma hace unos años cuando decidí emprender un nuevo camino profesional declaraba a mis compañeros que al salir de mi “caja de confort”, de mi profesión durante los últimos más de diez años, tenía que “aprender a vivir con la incertidumbre” porque todo lo que tenía era mi objetivo claro, mi ilusión y un montón de preguntas: ¿sabré hacerlo?, ¿podré hacerlo bien?, ¿podré ganarme la vida con ello?, ¿seré capaz de aprender lo que necesito?, ¿conseguiré mi objetivo?…

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El Enfoque Vipassana de la Vida, por Ramiro Calle

Desde hace muy pocos años se ha puesto muy de moda el término “mindfulness” y el trabajo de desarrollo mental y emocional a través de las técnicas que este vocablo engloba, y que en castellano podría constelarlo en “atención plena” o “atención total”. Corresponde al término original “satipatthana”, que pertence a la lengua que hablaba el Buda, denominada pali, y que quiere decir “establecimiento de la atención”. Se recogen las muy valiosas enseñanzas de Buda en este sentido en un célebre sermón conocido como Satipatthana Sutta o Sermón de la Atención. Mediante el establecimiento, cultivo metódico y desarrollo de la atención, se consigue desarrollar un tipo muy especial de visión que Buda denominó “vipassana”.

Vipassana es visión penetrativa y cabal, visión de lo que realmente es, visión clara y justa, toda vez que hasta que no conquistamos la vipassana, siempre vemos las cosas a través de nuestras proyecciones, filtros, creencias, patrones y esquemas. Vemos lo que queremos o tememos ver. No vemos lo que es. Buda aconsejaba: “Ve y mira”. Es decir, mira lo que es, no lo que esperas, deseas, crees o temes que sea. Eso es conectar con la realidad. Y el que denomino “enfoque vipassana de la vida” consistiría en ver y apreciar la vida como es, más allá de ese circuito cerrado de adoctrinamientos, apegos y aversiones, odios y celos, pasado y futuro, etiquetas y rótulos. Mirar lo que es: ése es el secreto. Y aprender a manejarnos con las circustancias como son, sabiendo fluir y dirigiendo, sin ansiedad, nuestros pasos hacia el objetivo. Si uno lo alcanza, lo disfruta sin apego; si uno no lo alcanza, no se siente frustrado ni genera un inutil y doloroso sentimiento de fracaso. Pero para adiestrarse en el “enfoque vipassana de la vida” necesitamos energía, atención consciente, ecuanimidad, sosiego y lucidez. Para ello hay que trabajar sobre la mente, a fin de limpiarla, reorganizarla, saber pensar y dejar de pensar, potenciar sus mejores recursos y encaminarlos de manera adecuada.

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Las atribuciones causales y su impacto en el coaching

Hola a todos! Os deseo todo lo mejor en este nuevo año!. Hoy voy a comentar algunos aspectos de las atribuciones causales y como impactan en los procesos de coaching. Espero que el artículo sea de vuestro interés. Un fuerte abrazo!.

Cuando hablamos de atribución nos referimos a las causas que las personas utilizan para explicar una conducta, a un tipo de inferencia que realizan las personas para explicar: a) el porqué del resultado de una acción y b) las características o cualidades que poseen ellas mismas u otras personas en función del resultado obtenido.

Estas atribuciones también nos permiten entender la conducta humana. Hay que tener en cuenta que las atribuciones que realiza una persona tienen consecuencias (en conductas futuras) en función de los resultados que se obtienen, pudiendo ser estas consecuencias de tipo afectivo, cognitivo o motivacional.

Para Weiner hay tres dimensiones fundamentales en todo proceso atributivo: la causalidad interna/externa (o lugar de causalidad), la estabilidad/inestabilidad y la controlabilidad/incontrolabilidad.

La primera de ellas hace referencia a si la causa de una conducta es interna (debida a factores o disposiciones personales) o externa (debida a las circunstancias, el contexto, la dificultad o la suerte). La segunda tiene que ver con el grado de estabilidad (consistencia) o inestabilidad de esa causa. Y la tercera se vincula con el grado de control que posee la persona para modificar las consecuencias.

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Los valores

Hola amigos….en este artículo voy a hablar sobre los valores, concepto que, por su importancia en la estructura de la personalidad, es muy interesante desde el punto de vista del coaching.

Los valores determinan en gran manera el comportamiento de las personas. Muchas de las elecciones que realizamos a lo largo de la vida se ven influenciadas por la jerarquía de valores que tenemos. Estos valores afectan, por ejemplo, a nuestras relaciones personales, a la hora de elegir estudios, un trabajo y al elegir pareja. Algunos estudios han demostrado la capacidad de predicción que tienen los valores respecto a la conducta, y también que algunas conductas y actitudes pueden predecir valores.

Los valores no están en las cosas, sino que somos nosotros mismos quienes valoramos las cosas. Esa diferente valoración  de las cosas es lo que hace que cada uno tenga una determinada jerarquía de valores. Sin embargo, los valores no son el producto de algo solamente personal, porque recibimos influencias del entorno y somos valorados por los demás en la medida que estemos en línea con el sistema de valores imperante. Como personas necesitamos autorealizarnos a través de nuestro propio esquema de valores, pero también necesitamos ser aceptados y estimados por los demás.

Las valores nos sirven para seleccionar nuestras acciones, son la base para los juicios que realizamos, para nuestras preferencias y elecciones.

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La percepción de autoeficacia

En este artículo voy a abordar el concepto de “percepción de autoeficacia” y sus implicaciones en el coaching, tanto en el desarrollo de las sesiones como en los resultados obtenidos por el coachee.

Tal y como adelanté en el artículo anterior sobre el “autoconcepto”, Bandura definía la expectiva de autoeficacia como “…la convicción de que uno puede ejecutar con éxito la conducta requerida para producir unos determinados resultados”, y señalaba que “…las expectativas de competencia personal afectan tanto a la iniciación como a la persistencia de la conducta”. Ya dijimos que la percepción de autoeficacia está más ligada a la ejecución en situaciones concretas que al conjunto de características que forman la imagen general que tiene un individuo de sí mismo, que sería lo que llamamos el “autoconcepto”, si bien ambos conceptos están muy relacionados.

La percepción de autoeficacia es uno de los conceptos clave en el proceso de autodirección del comportamiento porque sino ¿cómo podemos explicar que seamos capaces de perseguir metas a largo plazo que suponen un esfuerzo elevado sin recompensas aparentes en el corto plazo?, ¿cómo explicamos que haya personas que insisten en la persecución de ese objetivo sin arrojar la toalla y otras lo hagan a la primera de cambio?. Las personas contamos con habilidades y competencias que son condición necesaria, pero no suficiente, para explicar la conducta, y una de las variables que la modulan es precisamente la percepción de autoeficacia.

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La Visión en Coaching

COACHING:   “LA VISIÓN SIN ACCIÓN ES SÓLO UN SUEÑO…”

¿Visión o sueño, cuál es la diferencia?  Cuando me preguntan esto mi respuesta  suele ser que “la Visión es un sueño con el que estás lo suficientemente comprometido como para “ponerle patas”, es decir, para empezar a actuar y como para aceptar el coste que pueda conllevar”.

El “sueño” suele descansar en el lenguaje de los “IAS” , que bonito sería, como me gustaría, que bien estaría y así un elenco  de “ías” mientras seguimos soñando, esperando…

La Visión nace de conectarnos  con lo que realmente queremos, con la emoción que eso nos genera  y, a partir de ese punto,  surge la declaración: “quiero….”  y sigue  un movimiento, a veces un primer paso hacia lo que se quiere lograr.

La Visión es un punto de partida que se va renovando a medida que vamos avanzando. No es un destino, es un camino hacia algo que queremos, algo que nos desafía, que conlleva un cierto toque de locura, no es el “lógico devenir” basándonos en nuestro pasado,  ni lo predecible, es simplemente “lo que deseamos”.

Cuando conectamos con lo que realmente queremos, cuando  “estamos en Visión” es como si el mundo se aliase para ayudarnos en ese camino, a veces no exactamente en la forma que habíamos pensado pero las cosas empiezan a ocurrir. De hecho, lo que suele ocurrir es que cuando realmente queremos algo y decidimos ir a por ello estamos “abiertos” y “receptivos” a todo cuanto tenga que ver con esa Visión y es ahí cuando empezamos a darnos cuenta de oportunidades que antes, aunque estuvieran ahí, nos pasaban desapercibidas.

La Visión nos inspira y nos desafía a un tiempo, nos confronta con nosotros mismos y nos da la ilusión para seguir avanzando, paso a paso hacia donde queremos estar….

 Porque  como dijo Lao Tse,  “un viaje de 1000 millas empieza por un primer paso”

Imagen: Atardecer en Madrid. Autor: Alfredo. Fuente imágen: fundaciónananta.org

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AUSENCIA

– Maestro, ¿dónde está Dios?
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– ¿Dónde está el paraíso?
– Aquí mismo.

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YO SOY EL ORIGEN DE MIS RESULTADOS

“PROACCIÓN”

Hay un viejo cuento con cuatro personajes:

TODOS, ALGUIEN, CUALQUIERA Y NADIE.

Ocurre que había que terminar un trabajo muy importante para el día siguiente.

TODOS sabía que ALGUIEN lo haría.

CUALQUIERA podría haberlo hecho, pero en realidad NADIE lo hizo.

ALGUIEN se enojó cuando se enteró de lo sucedido, porque le hubiera correspondido hacerlo a TODOS .

El resultado fue que TODOS creía que lo haría CUALQUIERA y NADIE se dio cuenta de que ALGUIEN no lo haría.

¿Quieren saber como termina esta historia?.ALGUIEN reprochó a TODOS porque en realidad NADIE hizo lo que hubiera podido hacer CUALQUIERA.

¿Cuántas veces participamos de circunstancias donde se repite esta historia?.¿Cuántas veces somos los creadores de historias similares?.Nos quedamos entrampados en las excusas y nos quedamos sin los resultados.

Fuente: “Conversando con un coach”. Autora: Patricia Hashuel.

Imagen: e-learning-teleformacion.blogspot.com

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LA DECLARACIÓN DEL NO

No es No,… y hay una sola manera de decirlo: No.

Sin admiración, sin interrogantes, ni puntos suspensivos.

No: se dice de una sola manera.

Es corto rápido, monocorde, sobrio y escueto.

No: se dice una sola vez. Con la misma entonación.

Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín no es No.

Un No que necesita de explicaciones justificadoras, no es No.

No, tiene brevedad. No: No deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas. Ni puede dejar de ser.

No, aunque el otro y el mundo se pongan patas arriba.

No, es el último acto de dignidad.

No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.

No, no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos, ni con pena, aún menos con satisfacción.

No, es No.

Cuándo el No es No, se mirará a los ojos y el No se descolgará naturalmente de los labios.

La voz del No, no es trémula, vacilante, ni agresiva, no deja lugar a dudas.

Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección al futuro.

Y sólo quién sabe decir No, puede decir Si.

Alguna vez te pusiste a pensar cuan disponible tenes la declaración del NO cuando quieres decir que NO

¿Cuántas veces dices que SI queriendo decir que NO?.

¿Cuál es el precio que pagas por ello?

La declaración del No tiene que ver con nuestra capacidad de poner límites, define el respeto que nos tenemos a nosotros mismos y el que vamos a exigir que los demás tengan por nosotros.

Es una de las declaraciones fundamentales que juegan un papel decisivo en la construcción de relaciones interpersonales que funcionen.

Decir NO es una de las declaraciones más importantes que podemos hacer como individuos ya que a través de ella nos legitimamos como personas y mostramos a los demás nuestra autonomía. Indudablemente es la declaración que mas compromete  nuestra dignidad como personas.

Fuente: “Conversando con un coach”. Autora: Patricia Hashuel. Imagen: psicoblog.com

 

15
Nov

El cuerpo un universo en miniatura por Ramiro Calle. CLASE DE YOGA 15

Fuente: youtube.com

2
Nov

LA CIUDAD DE LOS POZOS

Esta ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta. Esta ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes… pero pozos al fin.

Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo por el lugar en el que estaban excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior). Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.

La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado. Un día llegó a la ciudad una “moda” que seguramente había nacido en algún pueblito humano: La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el contenido.

Así fue cómo los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más, optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.

Pasó el tiempo. La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más. Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior… Alguno de ellos fue el primero: En lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose. No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.

Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. El pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad… Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido…

Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo. Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho… Un día , sorpresivamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa. Adentro, muy adentro, y muy en el fondo encontró agua…

Nunca antes otro pozo había encontrado agua… El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y por último sacando agua hacia fuera. La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar. Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto, en tréboles, en flores, y en troquitos endebles que se volvieron árboles después… La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar “El Vergel”. Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro.

– Ningún milagro – contestaba el Vergel – hay que buscar en el interior, hacia lo profundo…

Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas… En la otra punta de la ciudad, otro pozo, decidió correr también el riesgo del vacío… Y también empezó a profundizar… Y también llegó al agua… Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo…

– ¿Que harás cuando se termine el agua? – le preguntaban.
– No sé lo que pasará – contestaba
– Pero, por ahora, cuánto más agua saco, más agua hay.

Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento. Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma… Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro. Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida. No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto:

La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar…

Fuente: “Cuentos para pensar”. Jorge Bucay. Autor:  Mamerto Penace

15
Oct

Clase 23: Practicar el amor incondicional, por Ramiro Calle.Enseñanzas Magistrales – Meditación

Nota: en las clases de meditación de Ramiro Calle se comienza primero con unos ejercicios prácticos de meditación y, al final de los mismos, se continua con una charla de unos 15 minutos sobre el tema a tratar.

Fuente: youtube.com

2
Oct

EL NIÑO Y LA MONTAÑA

Érase una vez un pequeño que tenía ganas de llegar a la cima de una montaña. Y comenzó el camino ¡y paass! que se resbala. Se pone a llorar y gritarle a la vereda. Avanza unos metros ¡y paass! se raspa los brazos. Se detiene, se pone a llorar y se enoja contra los arbustos. Sigue avanzando ¡y zaas! comienza a llover “maldita lluvia”. Se detiene, se enoja y se queda detenido por unos minutos.

Y entonces un ángel baja y le dice “¿por qué enojarte contra la naturaleza? Así la creó Dios. Si quieres llegar a la montaña ¿qué te conviene hacer?”.

A lo que el pequeño respondió: “me siento muy enojado porque los arbustos me dañan y la vereda hace que me tropiece, pero si sigo parado y llorando ¡seguiré aquí! y yo lo que quiero, es llegar a la cima y contemplar las estrellas desde ahí”.

El ángel replicó: “La vereda te hará caerte, los arbustos seguirán hiriéndote y la lluvia mojándote, que harás de diferente, entonces?”

“Soportar y seguir avanzando” respondió el niño. “Cada vez que la lluvia me moje, aunque no me guste, pensaré que quiero llegar a la cima, cada vez que el arbusto me hiera, aunque me duela, pensaré en la visión desde la cima que me espera cuando llegue ¡que tonto he sido! cada minuto que me paro y me pongo a llorar, es un minuto que desperdicio en avanzar. No volverá a suceder.”

Las dificultades en el camino del pequeño siguieron siendo las mismas. No era agradable, pero la diferencia, es que mantenía la visión de la cima y eso le daba fuerzas para seguir.

¿Llegó? No lo sabemos. Pero entender que la naturaleza era así y seguir avanzando a pesar de todo, hizo un mundo de diferencia en su vida.

15
Sep

Motivación del cuerpo y de la mente por Ramiro Calle. CLASE DE YOGA 14

Fuente: youtube.com